Una de las leyendas más conocidas es la del Indio Dormido. Cuenta de amor, entrega, angustia y, al final, desolación. Ablanda. Guarda un final de ojos vidriosos y mejillas mojadas incluso para los más descreídos.
Todo ocurrió en un pasado remoto. Tanto que, por más que se esfuerza, la memoria jamás logra alcanzarlo, de no ser por una tradición que avanza entre las generaciones. No hay registro. Sobra corazón. Aflora el alma. En el comienzo de los tiempos, un volcán más tarde bautizado como Pichu Pichu se enamoró perdidamente de su vecina que, enfrente, a su mirada, irradiaba una belleza nunca vista: Chachani. Enérgicos, los dioses reprobaron el romance y se interpusieron de la manera más cruel entre los amantes. Levantaron un pétreo soldado entre ellos, el Misti. Y nunca más se vieron.
Furia sólo guardó la reacción de Pichu Pichu. Ira de lo más cruda, con maldiciones y blasfemias para aquellos que lo sumergieron en la hiel de la soledad. Los dioses que cuidan el día y custodian la noche no dudaron. Tampoco la Pachamama. Las nubes trajeron una catarata y la tierra se abrió. Pichu Pichu, cegado por el amor y preso del miedo, cayó de espalda sobre la cumbre más alta y, nada más, se durmió hasta el último de los días. Ahora, cuando encandila la claridad, incluso a la distancia, puede verse la silueta perfecta del Indio Dormido, con las manos sobre el pecho, a la espera de que alguna vez su gran amor lo despierte con una caricia de algodón.
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1347209-el-indio-dormido-una-leyenda-de-amor
Hermosa leyenda
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